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Bajo un puente entre guitarras

Me llamaste y brotaste en el río

verde líquido, metáfora del agua,

el presente es puente de notas,

cuerdas entre Sevilla y Triana.

Embarcadero de pura nea

en un puente entre guitarras,

la música es una daga naranja,

atraviesa cielos, imposible callarla.

Quiero vivir bajo un puente

y soñar perfiles de Giralda,

espinada rosa de invierno

en la piel gris de la mañana.

Y… cuando en la tarde llueve,

¡cómo huele! ¡cómo duele!…

el color de las naranjas agrias;

espejo del paraíso descendido

en el que reina la Esperanza.

 

Autor poema: Mariano Jesús Camacho

Fotos. Mariano Jesús Camacho

Niños nadie, niños de la guerra

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Foto: yoinfluyo.com

Os importan una mierda los niños de la guerra porque son los sin nombre del hombre sin alma, os importan una mierda si son de Siria, Bosnia, Namibia, Palestina, Irak o Gambia. Porque son fantasmas pequeños huyendo de las bombas, los escombros y la maleza infrahumana. En las guerras los niños no valen nada, os importan una mierda sus heridas, amputaciones y lágrimas, sus enormes ojos apagados son espejos de la vergüenza, la vileza y la matanza. Sembrad la semilla del odio en ellos, que esos niños que hoy a sus padres perdieron bajo el estallido de una bomba que segó sus esperanzas, en la remota posibilidad de un mañana saciarán sin duda su sed de venganza.

No tienen nada pero sus rostros lo son todo, sus llantos percuten en telediarios como ventana a un mundo tan podrido que consume y calla. Se les niega a diario su derecho a ser niños por nacer a un lado u otro de la abundancia o la nada. En las fronteras del terror vuestra basura arrasa a pequeños jugueteados con metralla. Pues la guerra es un juego de niños ricos que no tiene la más mínima gracia, sembrando el terror con aviones o mochilas cargadas. Da igual un bando u otro, una bandera, una idea radicalizada, os importan una mierda esos niños sin mirada, son rehenes del sistema y de una sociedad sin corazón ni alma.

En los estercoleros del mundo los niños no cuentan, son mano de obra barata para la parca, trabajan muriendo y lanzando sus estremecedores gritos a los corresponsales y sus cámaras. ¿Qué destino tienen estos pequeños nadie de desgarradoras miradas? Confiscadas sus vidas, arrebatadas sus familias y destruidas sus casas. Atrapados en las trampas del pánico, no comprenden nada, le llueven los disparos y paracaídas que estallan. Las guerras siempre mienten y los niños nadie siempre dicen la verdad. La guerra mata para robar, en nombre de ideas cuyo fin es engañar, pues las armas exigen guerras y las armas guerras para llenar la caja de los niños ricos que quieren jugar. La Paz es una falacia, es pura ficción militar, el espectáculo cotidiano es matar y el ser humano no reacciona, recluta a diario almas podridas para la fábrica de la insensibilidad. La infancia, un territorio limpio e inocente acaba convirtiéndose en un infierno para los niños de la guerra, los refugiados, los exiliados. En el cuadro sangriento de esas infancias arrancadas, en esas imágenes que percuten conciencias de un minuto rebosa el patetismo, la óptica de testigos involuntarios del horror. El binomio de unos ojos atónitos, el de las víctimas destacadas, felicidades hurtadas por un ser humano indeseable al que los inocentes no les importan nada.

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Niños-Alepo

Un mundo incomprensible que no aparece en el mapa, terror, odio, violencia y crueldad ante la que la infancia estalla, sueños e ilusiones cambiados por minas y granadas. Gentes de ninguna parte, porque mientras que los fusiles no amenacen nuestras ventanas, seguirán siendo desconocidos, malas conciencias efímeras de imágenes que impactan pero pasan. Dicen que la niñez es capaz de sacar partido con su imaginación de las situaciones más horribles, pero cuando la sangre sustituye al juego y precipita al vacío a santos inocentes, los sin nombre se ahogan en un averno de experiencias que no les corresponden. Es prácticamente imposible ser niño cuando los sueños se dan de bruces con el dolor y la muerte.

Por ello me avergüenzo de este mundo que no respeta ni el día internacional de la infancia y animo a todo el que pueda a bajarse, porque a los que se enriquecen a diario les importa una mierda que sufran diez niños, mil o veinte millones. No les mueve un milímetro la conciencia ubicar el peso de la guerra en las pequeñas y vulnerables manos de un niño que nada comprende, el sentimiento de culpabilidad del que ninguna responsabilidad tiene. La locura de un mundo que convierte a Ana Frank en una simple anécdota, y que debería hacernos reflexionar y avergonzarnos de que durante el transcurso de los últimos diez años, se estima que más de un millón de niños han fallecido en conflictos armados. Víctimas civiles, niños soldados, niños desplazados, niños huérfanos, niños mutilados, niños encarcelados, niños explotados, niños nadie, niños de la guerra.

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25 de agosto, ni Eolo con toda su rabia

Los árboles pescadores de la Alameda, las cañas del país son sus ramas, sus lances trepadores hacia un mar de brillos de plata; espejo de un día ventoso en el que las banderas de plumas con alas, vuelan contracorriente cortando el cielo que baila al son de sus poderosas ráfagas.

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El mar es un cristal hecho añicos, un viento arrasador despedaza en olas mi mirada reflejada, cabezas del revés en la semana de la locura más airada. Palmeras despeinadas en una Bahía desierta de palabras, el vendaval sopla tempestades de notas musicales sobre el aluminio de sus barandas. Cádiz es un arpa vacía y la calurosa ventisca compone una melodía metálica. Puro heavy de sal que al pasar por la Caleta se convierte en música clásica; Sebastián a la guitarra mientras Catalina se arranca, hasta el desaforado viento se calla, se detiene y se ve reflejado en su aguas. ¡Ay Caleta Calma! ¡Ay Caleta Canta!

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¡Ay levante que locura! Cuando Cádiz es de aire, la ira de las sombrillas levantan el vuelo y los proyectiles de arena impactan en el cuerpo de una Victoria abandonada. Maldito vecino, bendito pirata, porqué llegas para quedarte y llevarte los días de playa. Cuenta un Titi de Cai que vienes un martes y que un viernes te marchas, pero solo un Enterao sabe cuánto tiempo estarás en nuestra sartén anclada. Cae la noche y sigo preguntado al oráculo del majara, ¿Cómo es posible que en verano permitas que una tormenta seca, en mil rayos a Cádiz partas?

Márchate maldito viento, que despeinas la luna y el verano de los días se derrite mientras tus cortinas de aire se cuelan en La Tacita de Plata. Es 25 de agosto, Gades es la Diosa despeinada; en un día de furia enajenada, la levantera se levanta, no despegan las gaviotas y las barquillas no zarpan. El cielo llora agua, el ocaso estalla, un espectáculo de luces, voltios de nubes cargadas, una palmera de cohetes en la noche cerrada. Es de locos mi Cádiz, sus vientos piratas al abordaje del vendaval toman la ciudad en la que la brisa es la obra maestra que suena mientras el levante y el poniente entablan su batalla. Ni Eolo con toda su rabia puede con Cádiz, que está loca por volver a ser de cuento y leyenda, un tesoro en cada pisada.

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Aforismos de tinta derramada

Mi infelicidad es directamente proporcional a la capacidad que tú posees para ser feliz.

Si pierdes la noción del tiempo has dado el primer paso para desafiar al relojero.

La Luna y yo, ese espejo de cráteres sobre el que envejezco.

Banco de un parque que nunca se hizo, árbol de un jardín que nunca creció.

La poesía queda varada como las ballenas, el mar la devuelve a la arena y el hombre nunca la dejará ser libre para poderse suicidar.

Cierro los ojos y veo sangre roja, abro los ojos y veo sangre azul, prefiero ser ciego e imaginar el verdadero color de la sangre.

Los sábados aseguran los periodos de mi existencia, el juego, la fiesta, el amor, el dolor y la cercanía del alba que no duerme y se despierta. La noche trepidante y la noche lenta.

Un marinero mira el mar como si tuviese mil anzuelos, el pez mira al marinero como si le quisiese robar el mar.

¿De quién es el mar? ¿Es acaso de los poetas? ¿Es acaso de Poseidón? ¿Es acaso de los peces? ¿Es acaso de los pintores? ¿Es acaso de los marineros? ¿Es acaso mío o tuyo? ¿De quién es el mar? El mar es de nadie, porque nadie como él sabe qué la firma de sus olas marcan el rumbo a tomar.

En el vestíbulo del amor, que es el corazón, la taquicardia es el comienzo de algo tan veloz y efímero que para consolidarse e ir a más, precisa de continuos electrochoques con el objeto  de retornar al ritmo sinusal del enamoramiento.

Al sol no se le puede mirar fijamente porque te quedas ciego, pero no hay otra luz que irradie tanta verdad como la de un rayo suyo para volver a abrir los ojos.

Ser conciso, verbo espartano, flecha lacónica y escudo parco.

En Carnaval Soy, el resto del año con las mil caras me disfrazo y os engaño.

El silencio vitalicio nos aguarda, no dejad para otro momento las palabras.

El sueño es un folio en blanco sobre un telón de fondo negro, vuela en avión de papel y escribe sus anhelos.

En la Bahía de Cádiz las mojarritas se burlan de las cañas porque las cotorras les chivan que en el hilo de la la vida está el secreto de la trampa.

No es tan importante el lugar que ocupas, como el por qué lo ocupas.

Preguntar el tiempo es una de las formas más falsas de matar el tiempo.

Toda la infancia resolviendo problemas en Cuadernos de Rubio y resulta que luego a la edad adulta descubres que en el cuaderno de la vida no vienen los mismos problemas.

La vida es un reloj de arena con el cristal roto por un lado, por muchas vueltas que le des llegará el momento en el que tanta pérdida de arena te dejará sin tiempo y sin playa en la que morir recordado.

Soy un leproso y un apestado, estoy solo y desde entonces solo las voces interiores me acompañan.

Las librerías son las peceras de los sueños, porque los peces libres jamás morderán el anzuelo.

En una línea una novela, en una frase un cuento, en una palabra un poema, y en una vocal un verso.

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El banco de los libros perdidos

Como cada tarde, con las horas de luz que me proporciona la Cádiz polinizadora de parques y plazas, que a estribor y a babor adornan murallas y balaustradas, paseo azarosamente por una cubierta de baldosas de arena y aceras saladas. Andar a paso decidido por la rosa de los vientos de mi destino, con el soñado objetivo del banco de los libros perdidos.  Porque no hay nada más bello y misterioso que la lectura azarosa, encontrarse en un banco de Puerta de Tierra un libro no escogido de la biblioteca ambulante y generosa del desconocido. El solidario intercambio de la literatura abandonada, letras vagabundas que dan de comer cultura a las personas nunca encontradas. El misterioso componente causal que sitúa en tu camino una novela, el sentimiento muerto de un escritor que vuelve a cobrar vida cuando el lector le hace cobrar sentido. Cada tarde una sorpresa, una novela azarosa, Lourdes Ortiz y La fuente de la vida, una exposición de las contradicciones y situaciones que se dan simultáneamente en la realidad. Como en cada vida, nada de salidas fáciles, ni héroes positivos, ni buenos ni malos, tan solo seres perdidos. Y una tarde tras otra, entre el Ayer Vendrá de Luis Rosales y Las Leyendas de Bécquer, entre Maese Pérez y Rayo de Luna. Un libro devorado que regresa a la cadena de intercambio de unas letras muertas, que resucitan en otras pupilas desconocidas. La madreselva trepa por una muralla que es la tapa de un libro llamado Cádiz, que a cada paso me atrapa. Entre cotorras verdes, palmeras azules, soles naranjas, flores vigías y farolas que no alumbran, sino que hablan. Con el eco de cada ola, que siempre es única porque la viene siempre es distinta a la que se marcha, me pregunto seriamente si no será esa madreselva, que parece tener manos verdes, la que me regala la azarosa lectura muerta en el mármol de una lápida.

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Pues como dijo Unamuno morir es desnacer, escribir es morir con el simple objetivo de volver a vivir, a nacer eternamente cada vez que un libro vuelve a ser leído. Libros devorados porque los libros no se escriben para ser leídos, sino para ser comidos, obras que caen azarosamente a mis manos, que perciben miles de vidas, energías de las hojas que otros pasaron. Entre Dante y Jugo de la Raza, entre la Divina Comedia y la Divina Tragedia. El paseo diario hacia el mágico banco en el que no siempre encuentro un libro, porque a veces resulta que la madreselva que trepa ese día se ha dormido con la música del poniente y el trinar de los pájaros, porque el generoso desconocido que tiene a bien abandonar a su suerte sus libros devorados, simplemente no ha acudido o bien que el fuerte viento de levante ha hecho levantar al vuelo al libro que en gaviota se ha transformado.

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Cuando el mármol desnudo no me ofrece su regalo, me siento en el banco de los libros perdidos para escuchar a la madreselva contarme que su música es el poniente gaditano y que el trinar de los pájaros le recuerda a Sellés, El Mellizo y Chano, tres genios que por Cádiz cantaron. Y sin libros por leer dejo la huella vital de mi presencia en el mármol, en lugar de libro un intercambio de regalos.  Percibo entonces la huella que otros caminantes dejaron allí sentados, creo percibir a María, que es flor, sentada junto a Luis que es su abeja, puedo oler el aroma del polen de sus vidas, el proyecto de un campo de flores jóvenes, el amor de una juventud florida. También percibo a Pedro, que de dormir entre colchones, pasó a los cartones y el manto de estrellas para sufrir y gozar la noche de una desesperada huida. Puedo sentir el calor diurno, el frío como un cuchillo, la humedad en unos huesos calados y el hambre de un cuerpo desahuciado. Quedo atrapado por el vapor etílico y me entrego a su sopor para vivir su sueño de sentirse astronauta y, como el Quijote, creer ver en el Pirulí gaditano, la nave blanca y poderosa que le llevará al espacio.

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Son en aquellos días sin libros de bancos vacíos, en los que comprendo que la madreselva me hizo descubrir la huella de los seres perdidos. Porque en aquel banco situado en la nada también se sienta Carla, que vende su carne a cambio de luz y agua. Carla me pregunta que qué consumo, marihuana, farlopa o  heroína adulterada, yo le contesto que ni siquiera fumo, pero que devoro libros. Carla no entiende nada, me sigue ofreciendo su carne a cambio de luz y agua; yo le intento explicar que la transacción de la carne por el dinero no le proporcionará ni luz ni agua, sino que será el trayecto más corto a la próxima raya. Carla no comprende nada, pero es una sabia, porque en esta puta vida que tire la primera piedra, aquel que no consume nada.

Descifrar la huella de todos aquellos que en algún momento se sentaron es una tarea ardua, y tan real como dolorosamente bella. En aquel mármol con espaldar forjado se sienta Luisa, una flor marchita, pero que conserva la esencia de los aromas de toda una vida. Es fragancia de dama de noche y cera caliente de dolorosa virgen María. A su lado Fernando, el que empuja el carro, el que lleva la silla, el que dice que la cuida. Luisa es de arruga bella y Fernando descubre en los surcos de su madre la lucha de toda una vida, un amor arrebatado, una familia. Los éxitos de Luisa, sus siete lágrimas, sus alegrías, los fracasos de Fernando, sus batallas perdidas. Cuando la vejez y la madurez se juntan, cuando la salud y la enfermedad se cruzan, no sabría discernir si es el joven hijo el que cuida a la madre, o la anciana madre es realmente la que lo cuida. Y se sienta también la vida, que es Alvarito, con los ojos tan abiertos como la Luna llena, con el nervio desbocado como la infancia primera, con los juegos por bandera, la del verdadero color y la verdadera pureza. Solo piensa en ser feliz y en que su madre le cante nanas para que lo duerma, pero su madre es soltera y en las notas de esa nana se le aparece el hombre del saco, el coco que disfrazado de Príncipe, la despertó del cuento sobresaltada. Ella creyó ser Alicia en el país de las maravillas, pero despertó Cenicienta, a las doce de la noche con un ojo morado en mitad de una pesadilla, en una calabaza con sirenas que acabó en comisaría. En este banco hoy frío también se sienta la parca, de guadaña fácil, siempre presta a que caiga la noche, en la que sus esqueletos blancos nos lleven a su guarida, porque en cierto sentido todos aguardamos sentados dos momentos de nuestra vida, morimos al nacer y desnacemos al pasar a otra vida.

Y es que en el banco de los seres perdidos se sientan pobres y millonarios, albañiles, fontaneros y camareros, universitarios parados. Seres infelices que trabajan a diario en oficios equivocados, almas gemelas y medias naranjas que jamás se soportaron. Percibo el amor y el odio, la tristeza y la alegría, en mitad de Cádiz un paraíso que navega hacia un horizonte imaginario, porque cuando cada día paso por aquel banco a veces encuentro mi regalo y a veces fabulo con los seres perdidos que en aquel mágico lugar algún día se sentaron. Porque andar es vivir caminando, es la acción contemplativa, porque sentarse es la contemplación activa, porque imaginar es un vuelo libre, porque leer es como devorar, como  viajar por todo el mundo, volver a vivir cien vidas, y en el banco de los libros perdidos no hay un solo día en el que alguien deje su poesía.

Texto: Mariano Jesús Camacho

Fotos: Antonio Camacho

Foto: elblogdeportivo.com

Mágico González, el oopart de su firma

Cuando era un chaval, un adolescente, el fútbol siempre ocupó un lugar especial entre mis aficiones, el paso del tiempo me enseñó que quizás convertimos en dioses a chicos que en realidad no son tan diferentes a nosotros, sino que en realidad tuvieron unas dotes técnicas, unas cualidades físicas, una genética y una dedicación, quizás mayor a todos aquellos que en algún momento de nuestras vidas soñamos y quisimos ser futbolistas, pero acabamos siendo unos tuercebotas de salón.

Soñando con ser magos

Probablemente todo chaval que desde pequeño sea entrenado y reciba la educación deportiva adecuada para ser jugador, llegue a hacer sus pinitos en el fútbol amateur, pero existe una serie de chicos que nacen con un don especial, que recibiendo la citada educación deportiva, poseen unas cualidades innatas que les facilita sensiblemente el camino para llegar al fútbol profesional. Luego existen aquellos chicos que se encuentran fuera de producción, fuera de molde, de toda ley escrita. Fenómenos naturales que nacieron predestinados para jugar al fútbol y en el lugar más imprevisible del planeta. En esta categoría absolutamente especial destacó sobremanera uno de ellos: Jorge González.  En las citadas edades la idolatría es una tendencia natural, todo ser humano en proceso de crecimiento precisa de figuras con las cuáles identificarse y en el caso del fútbol, y muy concretamente de la historia de los aficionados del Cádiz de los años ochenta y noventa: todos queríamos ser Mágico González.

Durante muchos años estuve dándole vueltas a una pregunta ¿Cómo es posible que un jugador como el Mago jugara en el Cádiz y durante tantos años? ¿Cómo es posible que semejante fenómeno naciera en El Salvador, país centroamericano maravilloso pero evidentemente con una demografía inferior y un índice mucho más bajo de futbolistas federados con respecto a otras grandes potencias del fútbol mundial?  Con el tiempo pude comprender que en esto del fútbol las probabilidades y la tradición futbolística, juegan un papel importante respecto al estilo y el potencial futbolístico de un país y por tanto una selección, pero que la aparición de un genio del fútbol  es un hecho absolutamente aleatorio.

El genio surge de la calle

Existen teorías al respecto muy interesantes, pero la que más me convenció fue la que un día aportó Johan Cruyff, que como suele suceder con los sabios de un campo concreto poseen la capacidad de simplificación y deducción suficiente como para resumir en una frase los conceptos más complejos. Cruyff siempre defendió que en fútbol el genio surge de la calle, del descampado, del potrero, del terreno más pedregoso, porque es en esa escasez de medios, en la que se convierte en alguien realmente especial. Precisamente por la capacidad física y técnica que tiene que desarrollar para superar el sinfín de obstáculos y dificultades que encuentra en el camino.

El caso Mágico, su personalidad

El caso de Mágico es la más clara demostración de ello: Jorge había nacido predestinado para ser un genio del fútbol, un genio con una personalidad tan generosa como peculiar, marcada sin duda por una infancia y adolescencia en la que creció bajo un ambiente de efervescencia social nunca antes visto en la historia reciente de El Salvador. Un ambiente prebélico, de lucha armada revolucionaria, la acumulación de conflictos irresueltos, malestar social, marginalidad, radicalismo político y autoritarismo militar, que desembocaron en la guerra civil que abatió al país a lo largo de la década de los ochenta.

Posiblemente la personalidad de Jorge quedó marcada por ese entorno, y quizás por ahí se podrían identificar alguna de las claves su carácter bohemio, anarquista y revolucionario con un balón en los pies. Nunca ha sido sencillo descifrar a un genio, a Jorge se le llegó a definir con un sinfín de adjetivos (el más acertado el Mago sin duda), llegando a agotar la mayoría de ellos, pues si descifrar a un genio es tarea prácticamente imposible, definirlo se acaba convirtiendo en una tarea, que de tan repetitiva acaba siendo vulgar. Por ello, rizando el rizo y tras años preguntándome  si lo que vi y viví fue realmente un sueño, conseguí llegar a una definición que casi me llegó a satisfacer.

Mágico González, oopart del fútbol

Desde niño siempre me atrajo el mundo del misterio, la posibilidad de existencia de otras realidades, otras civilizaciones, otras humanidades, esa historia que está por reescribir y se encuentra enterrada en algún punto del planeta al que el hombre aún no ha sido capaz de llegar o comprender. Y en este contexto existe un objeto, una definición que bajo mi punto de vista encaja con el Mágico a la perfección:  OOPArt acrónimo en inglés de out of place artifact (‘artefacto fuera de lugar’). Acuñado por el naturalista y criptozoólogo estadounidense Ivan T. Sanderson para denominar a un objeto que se encuentra en un yacimiento o estrato arqueológico, en un contexto imposible o absolutamente fuera de lugar, que desafía y pone en jaque a  la cronología de la historia convencional.

Un oopart es un objeto científicamente datado que puede provocar que se reescriba la historia, un desafío a la lógica. Objetos que por sus materiales de construcción o sistema de elaboración, no se corresponden con el nivel tecnológico o tecnologías reconocidas como habituales en la época correspondiente a la fecha de su datación. En el caso de Mágico González, no me cabe duda que su juego de piel y huesos no correspondían con el estrato futbolístico de su época. Tanto en Cádiz como en El Salvador, su juego constituía un auténtico oopart. Jorge era un adelantado a su tiempo, lo que él hacía tres décadas atrás tiene absoluta vigencia hoy día.

Cádiz en fútbol por tanto tuvo la fortuna de poseer y vivir su oopart particular que se encargó de reescribir la historia del club, también del fútbol en El Salvador. Porque sí, señores, nosotros nos seguimos preguntando cómo pudimos disfrutar durante tantos años con su juego. Seguimos teniendo esa sensación de que Mágico nació fuera de lugar y lo encontramos en Cádiz fuera de lugar, pero esa es la magia y el misterio de su fútbol. Si Jorge no hubiera nacido en El Salvador, posiblemente no habría edificado su personalidad y sentido del juego de esa manera tan especial, y jamás habría jugado en el Cádiz, ciudad en la que por sus peculiaridades posiblemente se lanzó a los brazos de la Diosa Gades, que como todos sabemos está iluminada por las luces bohemias del mar.

Simplemente un apunte más para los arqueólogos del fútbol, no le den más vueltas, el Mago nació en El Salvador y pudiendo haber sido multimillonario, mejor jugador del mundo de su generación, optó por jugar y vivir en Cádiz, un pequeño micro mundo en el que se da la curiosa paradoja de la abundancia y la escasez. Y ese fue el gran secreto de Jorge, que siempre supo encontrar en la escasez la verdadera abundancia. Por tanto, sigan abiertos a reescribir la historia convencional, porque Mágico fue un oopart salvadoreño y gaditano en el estrato del fútbol profesional de la década de los ochenta. Defiendan la historia con la base y el rigor científico constatable, pero mantengan la prudencia y el estado de alerta, pues en cualquier excavación, cualquier estudio, cualquier punto del planeta, puede surgir un oopart con el que puede que tengan que reescribir parte de la historia.

Y como prueba del oopart que fue Jorge, aquí queda su autógrafo; ayer rúbrica de un ídolo de niñez, hoy documento gráfico guardado por un historiador licenciado y doctorado, (mi hermano). Un historiador que académicamente defiende lógicamente lo que hasta ahora ha sido constatado, tanto cronológicamente como históricamente por la historiografía oficial, pero que guarda como un tesoro el oopart de la firma de un futbolista adelantado a su tiempo.

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La nº5: Firma de Mágico González.
Foto: imagenes.4ever.eu

Pregunta de un joven aprendiz

Un joven aprendiz le preguntó a su viejo maestro: ¿Maestro me dicen que ni las letras ni los números me dará de comer? Que tan solo mis manos pueden proveer mi sustento. El maestro contó hasta cinco y dijo una palabra: Cierto. C: constancia; I: inteligencia; E: expresión; R: revelación; T: trabajo y O: obtención. Cinco letras como las manos, cinco números como sus dedos.

Unos segundos después prosiguió: ¿Qué ves cuando visualizas el mundo?, pues yo visualizo la M; ¿Qué ves cuando contemplas el agua correr?, pues yo visualizo la A; ¿Qué ves cuando sientes que formas parte de la Naturaleza?, pues yo visualizo la N; ¿Qué ves cuando miras al Sol?, pues yo visualizo la O; ¿Qué ves cuando observas a un ser vivo?, pues yo visualizo la S. MANOS (cinco letras para labrar la tierra).

Sin duda, las cinco letras de tus manos con los cinco números de sus dedos; D: día a día; E: esfuerzo; D: deducción;  O: observación y S: solución, serán los encargados de proveer tu sustento. Letras, números, manos y dedos. DEDOS (cinco números para repartir los frutos).

Los números y las letras siempre fueron de la mano, ambos nos revelaron las proporciones exactas de nuestra supervivencia. Son el número áureo de nuestra existencia: A de amor, U de unión, R de realización, E de evolución y O de oratoria. ÁUREO (cinco letras para la divina proporción).