Florentino, el Rey Midas del Real Madrid

La historia reciente del Real Madrid, es como un cuento, que recuerda en gran medida a la del Rey Midas, diáfana alegoría del mercantilismo, en la que su actor principal es Florentino Pérez, sin duda el Rey Midas del fútbol español. Nadie puede dudar que el señor Florentino sea un reputado empresario, y como tal, siente que posee todo lo que un rey puede desear. Vive en un hermoso castillo rodeado de grandes jardines de césped natural. Es poseedor de todo tipo de futbolistas lujosos. Aún repleto de riquezas, como Midas que es sigue pensando que la mayor felicidad le es proporcionada por todo su oro. Comienza sus días contando monedas de oro… se ríe y tira las monedas hacia arriba para que les caigan encima en forma de lluvia. De vez en cuando se cubre con lujosos fichajes de oro, como queriéndose bañar en ellos, riendo feliz como un bebé.

Y cuenta la historia de Midas, que cierto día, Dionisio, el dios de la celebración que tan poco se deja ver por Cibeles, pasaba por las tierras del gol. Uno de sus acompañantes, de nombre fútbol, se quedó retrasado por el camino. Fútbol, cansado, decide dormir un rato en los famosos jardines del Real Madrid y Dionisio agradecido por la gentileza de Midas, le dijo:

“Me has dado tal placer al haber cuidado de mi amigo que quiero hacer realidad cualquier deseo que tengas”. Midas respondió inmediatamente: “Deseo que todo lo que toque se convierta en oro”. Al siguiente día, en la sala noble del Bernabéu, Midas, se despertó ansioso por comprobar lo que Dionisio le había prometido. Extendió sus brazos tocando un balón que de inmediato se transformó en oro. Midas, saltaba de felicidad ¡Y continuó comprobando… tocó una bota, una camiseta, las instalaciones del Bernabéu, el equipo, el palco y siguió corriendo como un loco por todo su club hasta quedar exhausto y al mismo tiempo contentísimo!

Se sentó a contemplar su obra al borde del césped y tomó una brizna entre sus manos para respirar la fresca fragancia que hace rodar el balón. Pero… al tocarla se había convertido en un frío metal. “Tendré que absorber el olor al fútbol sin tocarlo, supongo”, pensó desilusionado. Con sumo cuidado quiso solucionar la situación con su discurso, pero a medida que las palabras salían de su boca caían a sus pies, convertidas en oro, en el vellocino de sus aduladores.

De repente, toda su alegría se transformó en miedo. Justo en ese momento, el espíritu de Bernabéu se acercó para sentarse con él, pero al querer estrechar su mano para pedirle consejo, quedó como una estatua dura y fría. Midas se puso a llorar: “Sentiré solamente cosas frías el resto de mi vida”, gritaba entre lágrimas.

Finalmente levantó los brazos y suplicó a Dionisio: “Oh, Dionisio, no quiero el oro ¡Ya tenía todo lo que quería! Solo quiero que el Madrid vuelva ser lo que fue, sentir su historia, reír, tocar y oler el perfume del buen fútbol, ver a grandes futbolistas acariciar la pelota y compartir las decisiones con mis directivos! ¡Por favor, quítame esta maldición dorada!” El amable dios Dionisio le susurró al corazón: “Puedes deshacer el toque de oro y devolverle la vida al Real Madrid, pero te costará todo el oro de tu reino” y Midas exclamó: ¡Lo que sea! ¡Quiero al Real no al oro!” Dionisio entonces le recomendó: “Busca la fuente, el Oráculo, el manantial del que brotó el Real Madrid y lava tus manos allí. Ese agua y el cambio en tu concepción de un fútbol mercantilista por un fútbol humano y profesional, le devolverán la vida a ese club que con tu codicia transformaste en oro”.

Por ello hasta que el Rey Midas no reflexione sobre su forma de proceder, mientras que no lave sus manos en el manantial de la historia, todo lo que toque se convertirá en oro a nivel empresarial, pero el balón seguirá siendo una calabaza que rueda sobre el césped. Todo entrenador que toque acabará saliendo, despedido y convertido en estatua de oro, pero lejos de Dionisio, del Dios de la celebración.

El Rey Midas acudió a las aguas del río Pactulo, pero Florentino, el Rey Midas de esta historia real del Madrid, debe acudir al fondo de la memoria y mirarse al espejo para reconocer sus errores. Por ahí se empieza a cambiar, se deja de convertir todo el sentido del club, de su vida, en una forma de conseguir y generar dinero, obviando que el fútbol es un deporte y el Madrid un club con una historia difícil de igualar. Es por tanto esencial que el Rey Midas de nuestro fútbol se desprenda de todas sus posesiones, la primera de ellas el Real Madrid, que debe devolverla al socio, a la gerencia deportiva y al entrenador, en definitiva a las personas que realmente saben de sentimientos y conocimientos respecto al balón, puesto que para el orgullo, la ausencia de autocrítica, la prepotencia y el mercantilismo de un deporte y un sentimiento, siempre existirá un reputado empresario dispuesto a convertir en oro todo lo que toca.

Señor Florentino, aplíquese el cuento y háganos un favor, no toque a Zidane, déjele trabajar, que es uno de los pocos grandes mitos que quedan limpios en el fútbol.

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