Mágico González, el oopart de su firma

Cuando era un chaval, un adolescente, el fútbol siempre ocupó un lugar especial entre mis aficiones, el paso del tiempo me enseñó que quizás convertimos en dioses a chicos que en realidad no son tan diferentes a nosotros, sino que en realidad tuvieron unas dotes técnicas, unas cualidades físicas, una genética y una dedicación, quizás mayor a todos aquellos que en algún momento de nuestras vidas soñamos y quisimos ser futbolistas, pero acabamos siendo unos tuercebotas de salón.

Soñando con ser magos

Probablemente todo chaval que desde pequeño sea entrenado y reciba la educación deportiva adecuada para ser jugador, llegue a hacer sus pinitos en el fútbol amateur, pero existe una serie de chicos que nacen con un don especial, que recibiendo la citada educación deportiva, poseen unas cualidades innatas que les facilita sensiblemente el camino para llegar al fútbol profesional. Luego existen aquellos chicos que se encuentran fuera de producción, fuera de molde, de toda ley escrita. Fenómenos naturales que nacieron predestinados para jugar al fútbol y en el lugar más imprevisible del planeta. En esta categoría absolutamente especial destacó sobremanera uno de ellos: Jorge González.  En las citadas edades la idolatría es una tendencia natural, todo ser humano en proceso de crecimiento precisa de figuras con las cuáles identificarse y en el caso del fútbol, y muy concretamente de la historia de los aficionados del Cádiz de los años ochenta y noventa: todos queríamos ser Mágico González.

Durante muchos años estuve dándole vueltas a una pregunta ¿Cómo es posible que un jugador como el Mago jugara en el Cádiz y durante tantos años? ¿Cómo es posible que semejante fenómeno naciera en El Salvador, país centroamericano maravilloso pero evidentemente con una demografía inferior y un índice mucho más bajo de futbolistas federados con respecto a otras grandes potencias del fútbol mundial?  Con el tiempo pude comprender que en esto del fútbol las probabilidades y la tradición futbolística, juegan un papel importante respecto al estilo y el potencial futbolístico de un país y por tanto una selección, pero que la aparición de un genio del fútbol  es un hecho absolutamente aleatorio.

El genio surge de la calle

Existen teorías al respecto muy interesantes, pero la que más me convenció fue la que un día aportó Johan Cruyff, que como suele suceder con los sabios de un campo concreto poseen la capacidad de simplificación y deducción suficiente como para resumir en una frase los conceptos más complejos. Cruyff siempre defendió que en fútbol el genio surge de la calle, del descampado, del potrero, del terreno más pedregoso, porque es en esa escasez de medios, en la que se convierte en alguien realmente especial. Precisamente por la capacidad física y técnica que tiene que desarrollar para superar el sinfín de obstáculos y dificultades que encuentra en el camino.

El caso Mágico, su personalidad

El caso de Mágico es la más clara demostración de ello: Jorge había nacido predestinado para ser un genio del fútbol, un genio con una personalidad tan generosa como peculiar, marcada sin duda por una infancia y adolescencia en la que creció bajo un ambiente de efervescencia social nunca antes visto en la historia reciente de El Salvador. Un ambiente prebélico, de lucha armada revolucionaria, la acumulación de conflictos irresueltos, malestar social, marginalidad, radicalismo político y autoritarismo militar, que desembocaron en la guerra civil que abatió al país a lo largo de la década de los ochenta.

Posiblemente la personalidad de Jorge quedó marcada por ese entorno, y quizás por ahí se podrían identificar alguna de las claves su carácter bohemio, anarquista y revolucionario con un balón en los pies. Nunca ha sido sencillo descifrar a un genio, a Jorge se le llegó a definir con un sinfín de adjetivos (el más acertado el Mago sin duda), llegando a agotar la mayoría de ellos, pues si descifrar a un genio es tarea prácticamente imposible, definirlo se acaba convirtiendo en una tarea, que de tan repetitiva acaba siendo vulgar. Por ello, rizando el rizo y tras años preguntándome  si lo que vi y viví fue realmente un sueño, conseguí llegar a una definición que casi me llegó a satisfacer.

Mágico González, oopart del fútbol

Desde niño siempre me atrajo el mundo del misterio, la posibilidad de existencia de otras realidades, otras civilizaciones, otras humanidades, esa historia que está por reescribir y se encuentra enterrada en algún punto del planeta al que el hombre aún no ha sido capaz de llegar o comprender. Y en este contexto existe un objeto, una definición que bajo mi punto de vista encaja con el Mágico a la perfección:  OOPArt acrónimo en inglés de out of place artifact (‘artefacto fuera de lugar’). Acuñado por el naturalista y criptozoólogo estadounidense Ivan T. Sanderson para denominar a un objeto que se encuentra en un yacimiento o estrato arqueológico, en un contexto imposible o absolutamente fuera de lugar, que desafía y pone en jaque a  la cronología de la historia convencional.

Un oopart es un objeto científicamente datado que puede provocar que se reescriba la historia, un desafío a la lógica. Objetos que por sus materiales de construcción o sistema de elaboración, no se corresponden con el nivel tecnológico o tecnologías reconocidas como habituales en la época correspondiente a la fecha de su datación. En el caso de Mágico González, no me cabe duda que su juego de piel y huesos no correspondían con el estrato futbolístico de su época. Tanto en Cádiz como en El Salvador, su juego constituía un auténtico oopart. Jorge era un adelantado a su tiempo, lo que él hacía tres décadas atrás tiene absoluta vigencia hoy día.

Cádiz en fútbol por tanto tuvo la fortuna de poseer y vivir su oopart particular que se encargó de reescribir la historia del club, también del fútbol en El Salvador. Porque sí, señores, nosotros nos seguimos preguntando cómo pudimos disfrutar durante tantos años con su juego. Seguimos teniendo esa sensación de que Mágico nació fuera de lugar y lo encontramos en Cádiz fuera de lugar, pero esa es la magia y el misterio de su fútbol. Si Jorge no hubiera nacido en El Salvador, posiblemente no habría edificado su personalidad y sentido del juego de esa manera tan especial, y jamás habría jugado en el Cádiz, ciudad en la que por sus peculiaridades posiblemente se lanzó a los brazos de la Diosa Gades, que como todos sabemos está iluminada por las luces bohemias del mar.

Simplemente un apunte más para los arqueólogos del fútbol, no le den más vueltas, el Mago nació en El Salvador y pudiendo haber sido multimillonario, mejor jugador del mundo de su generación, optó por jugar y vivir en Cádiz, un pequeño micro mundo en el que se da la curiosa paradoja de la abundancia y la escasez. Y ese fue el gran secreto de Jorge, que siempre supo encontrar en la escasez la verdadera abundancia. Por tanto, sigan abiertos a reescribir la historia convencional, porque Mágico fue un oopart salvadoreño y gaditano en el estrato del fútbol profesional de la década de los ochenta. Defiendan la historia con la base y el rigor científico constatable, pero mantengan la prudencia y el estado de alerta, pues en cualquier excavación, cualquier estudio, cualquier punto del planeta, puede surgir un oopart con el que puede que tengan que reescribir parte de la historia.

Y como prueba del oopart que fue Jorge, aquí queda su autógrafo; ayer rúbrica de un ídolo de niñez, hoy documento gráfico guardado por un historiador licenciado y doctorado, (mi hermano). Un historiador que académicamente defiende lógicamente lo que hasta ahora ha sido constatado, tanto cronológicamente como históricamente por la historiografía oficial, pero que guarda como un tesoro el oopart de la firma de un futbolista adelantado a su tiempo.

firma
La nº5: Firma de Mágico González.